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Breve historia del mensaje Adventista en Argentina.

El mensaje adventista llegó a la Argentina a través de tres vías independientes unas de otras, pero casi simultáneas, y entre personas de tres nacionalidades distintas.
En 1886 una revista protestante publicada en Suiza, que llegó a manos de un señor llamado Pedro Peverini, que vivía en el norte de Argentina, ridiculizaba una ceremonia bautismal por inmersión realizada por los adventistas en Suiza.
Esa crítica fue lo que encendió la luz de la verdad en Argentina. Peverini era católico, pero su esposa era valdense, y aunque aquel artículo ridiculizaba el bautismo por inmersión como también a nuestros creyentes, despertó su curiosidad y produjo tal convicción que los indujo a escribir a los parientes de la esposa en Italia pidiéndoles que se comunicaran con los adventistas de Suiza y consiguieran la revista que ellos publicaban.
En el artículo donde se nos ridiculizaba se decía que publicábamos en Suiza una revista en francés, impresa en un papel de duración innecesaria si el fin del mundo estaba tan próximo como enseñaba nuestro misionero en Europa.
Como resultado, la familia Peverini abrazó la verdad en 1889, sin haber visto jamás a un adventista del séptimo día, transformándose en los primeros en aceptar el mensaje en Sudamérica.
Casi al mismo tiempo Dios estaba preparando el camino para que el mensaje entrara entre la población de habla alemana. Argentina había recibido una inmigración de alemanes del volga, entre los que se contaba un tal Jorge Riffel, quien poco después, decidió abandonar la Argentina y emigra a los Estados Unidos.
Allí aceptó la verdad y desde entonces no pudo dormir pensando en sus inconversos vecinos de la colonia alemana de Argentina.
De modo que en 1890 decidió, junto con otras tres familias de creyentes, regresar y dar el mensaje a sus paisanos en la Argentina.
Las cuatro familias llegaron un viernes al puerto de Diamante, desembarcaron y se encontraron en el puerto con el Sr. Reinhardt Hetze, quien no sabía nada de su llegada.
Este les dio sin embargo la bienvenida, se interesó por los desorientados viajeros y los invitó a alojarse en su casa. Al enterarse de que eran observadores del sábado, decidió unirse a ellos para guardar el día siguiente, sábado. Hetze había llegado de Rusia poco tiempo antes, casi convencido de la verdad.
El tercer caso ocurrió muy poco después, iniciando la obra en otra zona de la Argentina, esta vez de habla francesa. El pastor bautista de la colonia Felicia les mencionó a algunos de sus feligreses que en Suiza había unas personas que guardaban el séptimo día de la semana, y que publicaban una revista que enseñaba sus doctrinas. Algunos de sus feligreses le pidieron entonces que les consiguiera esa revista y él, aunque de mala gana, lo hizo. Como resultado del envió de esas revistas, aceptaron la verdad dos familias: Dupertuis y Pidoux.
En 1891 llegaron los tres primeros colportores, provenientes de los Estados Unidos, E.W. Snyder, A. B. Stauffer y C. A. Nowlin, y uno de sus primeros conversos fue un joven inglés llamado L. L. Brooking que aceptó la verdad a principios de 1892 como resultado de la lectura de nuestras publicaciones. Sabía castellano y en julio de ese mismo año comenzó a colportar entre los valdenses franceses, llegando a ser el primer colportor que produjo Sudamérica.
En 1894 llegó el primer predicador enviado por la Asociación General, el pastor F. H. Westphal, como respuesta al pedido de los creyentes ruso-alemanes de que se les enviara alguien que hablara alemán. En aquel entonces había unos 150 creyentes, no bautizados aún, en toda Sudamérica. En el curso de tres semanas pudo organizar cerca de Crespo, en la provincia de Entre Ríos, la primera iglesia adventista de Sudamérica con 36 miembros, y a fines de ese mismo año organizó otra en Buenos Aires otra con 20 miembros.
En julio de 1897 se publicó en Buenos Aires lo que fue nuestra primera publicación en el continente sudamericano, una revista mensual de 12 páginas llamada El Faro.
Un colportor fue a San Cristóbal, provincia de Santa Fe, donde había una colonia de suizos católicos de origen alemán. Recorrió cuidadosamente toda la colonia, pero no pudo vender ni un solo libro. Finalmente se encontró con uno de los principales pobladores, llamado Kalbermatter, quien le dijo que no necesitaban libros de esa clase porque el sacerdote se ocupaba de los asuntos espirituales de la colonia y ellos de los asuntos comerciales. "Le pagamos a nuestro sacerdote para que él se ocupe de eso", le dijo.
El colportor no se desanimó, le ofreció prestarle un ejemplar de El conflicto de los siglos, y como resultado de su lectura, aceptó la verdad y pidió ser bautizado junto con su familia. Llamaron al pastor Westphal para que los bautizara, pero en la región no había río ni lago en el cual efectuar un bautismo bíblico.
Kalbermatter estaba decidido a ser bautizado. "Tenemos abundancia de agua para ese propósito; sígame y le mostraré", dijo. Y señalando al pozo, añadió: "Allí hay suficiente, pues hay unos tres o cuatro metros de agua"
De modo que la familia se reunió alrededor del pozo, celebraron un culto, y luego bajaron al pastor metido en una gran tina, atada a una soga larga provista de una válvula. Cuando el agua llegó a la cintura, ataron la soga al brocal del pozo para que la tina no continuara bajando, y con otra soga descendió uno de los hijos del señor Kalbermatter. El pastor lo bautizó, y luego lo subieron a la superficie. Otro de los hijos lo siguió, y de esta manera extraña fueron bautizados en las profundidades del pozo los hijos y el padre.
Luis Ernst, un joven uruguayo que se había convertido en septiembre de 1898, llegó ese mismo año a un encuentro de creyentes con la Biblia en una mano y su maleta en la otra, y dijo: "Vine para asistir al colegio".
Le dijeron que no había colegio, pero él insistió en que tenía que prepararse para la obra de Dios. Por consiguiente, antes de que terminara aquel congreso, los hermanos hicieron planes para establecer lo que hoy es la Universidad Adventista del Plata.
El colegio comenzó en 1899 en Las Tunas, provincia de Santa Fe, y fue trasladado poco después a su actual emplazamiento, en la provincia de Entre Ríos, específicamente en Libertador San Martín. Muchos obreros salieron de sus aulas y sirvieron y sirven en muchas partes del campo mundial.
En 1901, dos años después de la apertura del colegio, el Dr. R. H. Habenicht estableció lo que es hoy el Sanatorio Adventista del Plata, ubicado en Libertador San Martín, provincia de Entre Ríos.
En 1906 se trasladó a Florida la institución conocida hoy como Casa Editora Sudamericana, que continúa cumpliendo su propósito preparando las publicaciones necesarias para los campos de habla castellana de todo el continente.
En 1916 se organizó en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, la División Sudamericana, y el pastor O. Montgomery fue elegido presidente. Al organizarse la división teníamos en toda Sudamérica 4.903 miembros, de los cuales 1.358 estaban en Argentina.
Hoy tenemos en Argentina cinco asociaciones, con un total de 187 iglesias y 56.644 miembros.

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